“El blanco de las burlas”: protagonista de un éxito teatral, posa en su finca familiar y cuenta cómo superó el bullying

Hay lugares que dejan una marca para siempre. Para Iñaki Aldao (26, hijo de Ignacio Aldao y María Benedit), ese lugar es la centenaria Finca Los Álamos, en San Rafael (Mendoza), que pertenece a su familia. Aquí, las paredes no solo respiran una historia íntimamente ligada al arte y la literatura –con su tía bisabuela, la escritora Susana Bombal, y las inolvidables visitas de Jorge Luis Borges como protagonista de tantos veranos–, sino que también guardan los recuerdos de un chico que inventaba personajes para divertir a sus íntimos mucho antes de imaginar que la actuación se convertiría en su pasión. Hoy, mientras atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera con el regreso de El curioso incidente del perro a medianoche (la aclamada producción de The Stage Company que volvió con éxito al Teatro Maipo siete años después de su debut), el joven actor nos recibe en este especial refugio para contarnos su historia, la del artista que todavía se reconoce como aquel chico curioso y sensible que creció entre estos jardines.

–¿Qué significa volver a la Finca Los Álamos?

–Es volver a mi esencia, conectar con mi verdadera naturaleza. Acá están mis primeros recuerdos, los veranos eternos, las guitarreadas y las sobremesas. De chico jugaba, hacía shows para todos, inventaba personajes y escribía canciones. Este suelo es mi ancla; me equilibra para después plantarme en la vorágine de Buenos Aires. Como buen libriano, necesito ese balance: si vivo en la constante de la ciudad todo el tiempo, colapso.

El actor frente a la entrada de 
la fincaEn la cocina con azulejos portugueses, uno de los espacios de la la casona que Susana Bombal, la tía bisabuela de Iñaki, se ocupó de restaurarIñaki pasa junto al hogar a leña

–¿Sentís que crecer en un lugar con tanta historia despertó tu sensibilidad?

–Sí, aunque de chico uno naturaliza caminar por el laberinto en homenaje a Borges o recordar anécdotas de él y mi tía bisabuela Susana Bombal. Con los años entendí el privilegio de haber crecido en un lugar donde el arte era parte de la vida cotidiana. Creo que esa curiosidad y esa sensibilidad me acompañan hasta hoy y son herramientas fundamentales para mi trabajo.

Leer también:  Kylian Mbappé: “Messi marca todo el tiempo, seguramente hará goles”

En el Laberinto de Borges, una imponente obra de land art de 8700 metros cuadrados diseñada por Randoll Coate con forma de libro abiertoEl trazado del laberinto, un gemelo del que se encuentra en la Fundación Cini en Venecia, fue impulsado en la finca familiar por Camilo Aldao junto a María Kodama para inmortalizar la profunda amistad que unía al escritor con Susana Bombal, la dueña de casaUna imagen de archivo que ilustra los veranos compartidos entre Jorge Luis Borges y Susana Bombal

–¿Cómo te encuentra el regreso de la obra siete años después del debut?

–Me encuentra en un momento de mucha madurez. Cuando estrené en 2019 tenía 19 años; terminaba la función y me iba de fiesta. Hoy soy otra persona. Aprendí a cuidar mi energía: voy a terapia, al osteópata, al gimnasio. Como sano y cuido mi bienestar físico y emocional. En su momento fue un montón para mí, pero hoy entiendo la obra y mi personaje, Christopher, desde otro lugar. Hay escenas que antes las hacía desde la intuición y hoy las transito desde la experiencia. Trato de tener un amor sano con la actuación, disfrutando el presente.

–¿El éxito se aprende a asimilar?

–Totalmente. Cuando me pasó por primera vez fue muy de golpe. Todo el mundo me decía “aprovechá este momento”, pero yo ni siquiera alcanzaba a entender lo que estaba viviendo. El paréntesis de la pandemia fue fundamental para preguntarme qué quería realmente y aprender a bajar un cambio.

–En ese proceso apareció la música…

–Sí, necesitaba explorar otras partes de mí por miedo a quedar encasillado solo como actor. El disco (Elástico) fue una forma de mostrarme completo. Hoy ya no siento esa necesidad de elegir. Soy actor, hago música, produzco proyectos… todo eso soy yo.

Bajo un arco de líneas coloniales, el actor y cantante se sienta al piano traído de Viena. Detrás, se enmarcan fabulosos abanicos de marfil y carey pintados a manoAtento a los detalles, 
Iñaki prepara la mesa en el comedor de la casa con un marcado estilo colonial. Sobre la pared del fondo, se destaca un ángel realizado por Norah Borges, hermana del célebre escritor y amiga de la familiaEn otro de los rincones del jardín en el que vemos un nicho arquitectónico de estilo colonial con una escultura religiosa en su interior

–Christopher muchas veces siente que no logra encajar. ¿Te pasó alguna vez?

–De chico sufrí mucho bullying en el colegio. Era un ambiente donde el deporte importaba mucho y yo era muy sensible, completamente distinto. Sé perfectamente lo que es sentirse apartado, el blanco de las burlas y de la mirada ajena. La pasé mal.

–¿Creés que esa experiencia te ayudó para interpretar a Christopher desde un lugar más profundo?

–Siento una enorme ternura por él. Sé lo que es sentirse distinto y creo que esa empatía aparece naturalmente cuando estoy en el escenario.

–¿Cómo lograste salir del lugar del “distinto”?

Leer también:  “ImmigrationOS”: así funciona el nuevo software para rastrear migrantes para ICE

–Mi familia fue un apoyo enorme e ir a otro colegio en la secundaria me cambió la vida. Encontré amigos, un ambiente donde podía ser yo mismo y dejé de sentir que tenía que parecerme a los demás para encajar. Ahí empecé a ganar confianza y, sin darme cuenta, también a construir el artista que soy hoy. El teatro fue mi salvación, el espacio donde esa vulnerabilidad se transformó en mi mayor fortaleza. Por eso, la última frase de la obra –“Entonces, ¿puedo lograr lo que sea?”– me sensibiliza tanto; es una caricia a mi infancia.

–Carla Calabrese te descubrió por Instagram a tus 19 años…

–Carla cambió mi vida. Le voy a estar agradecido eternamente porque me dio la oportunidad más grande de mi carrera y confió en mí cuando yo era un desconocido. Ella creyó en mí antes de que yo mismo terminara de creer.

–¿Qué sentís cuando baja el telón?

–Muchísima gratitud. Termino agotado, pero feliz. Es un privilegio que seiscientas personas elijan compartir una noche con nosotros. Nunca quiero perder esa capacidad de sorprenderme.

–¿Qué ves cuando mirás hacia atrás?

–Durante mucho tiempo pensé que el éxito era llegar a un determinado lugar o conseguir un determinado papel. Hoy entendí que el verdadero éxito es poder disfrutar el camino, rodearme de la gente que quiero y seguir emocionándome cada vez que se abre el telón.

Agradecimientos: Perramus, Giesso, Hunter, Manto, The Stage Company y Carolina Aldao

Con información de:

https://www.lanacion.com.ar/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous post Villa Certosa: cómo eran las escandalosas fiestas “bunga bunga” de Silvio Berlusconi en la, recién vendida, mansión de Cerdeña
Next post De Montmartre a Buenos Aires: llegó por azar al país, se enamoró y en una esquina de Caballito descubrió qué quería hacer