El ataque a Hezbolá enfada más que alivia al norte de Israel: “¿Somos ciudadanos de segunda respecto a Tel Aviv?”
A Ido Azulay no le tranquiliza la exhibición de poderío aéreo e información de inteligencia de su país, Israel, al movilizar 100 aviones para bombardear por sorpresa miles de lanzaderas de proyectiles de Hezbolá en Líbano. Más bien le irrita. Lleva casi 11 meses de guerra de baja intensidad entre unos y otros en el barrio de la histórica ciudad de Acre ―a 36 kilómetros de la frontera con Líbano― al que despertaron en la madrugada del domingo las alarmas antiaéreas, un impacto directo de cohete y la explosión por la intercepción de otro que ha dejado en el suelo cristales y restos de persianas y, en varias viviendas, señales de metralla. Como casi todo el norte del país, se siente agraviado. “¿Qué soy? ¿Un ciudadano de segunda? Llevamos todo este tiempo con el miedo en el cuerpo, con una rutina de bombardeos y no les importa. Y ahora, cuando los cohetes iban a ir contra Tel Aviv, ¿es cuando lanzamos un ataque preventivo? ¿Para nosotros, no, pero para ellos, sí?”, asegura en la humilde peluquería de su amigo, Tomer Itaj, levemente dañada por la metralla.





