El entusiasmo demócrata por la candidatura de Kamala Harris impulsa su batalla por el control del Congreso

Ganar la Casa Blanca es, por supuesto, el premio gordo en las elecciones del próximo 5 de noviembre. Pero en el sistema estadounidense, dominar el Gobierno sirve de relativamente poco si no se controla también el Congreso, responsable de aprobar leyes y presupuestos. Durante meses, a medida que el presidente Joe Biden encallaba en las encuestas, los demócratas temieron una mayoría republicana en la Cámara de Representantes y en el Senado. Pero en la Convención Nacional Demócrata en Chicago el cambio de actitud ha sido palpable: reinaba el júbilo sobre sus posibilidades, no solo en la Casa Blanca, sino también en el Capitolio.

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