Fanático de Talleres de Córdoba, y con más de 22 años en distintos grados de conexión con la Argentina y representante de su país ante distintos gobiernos, el embajador brasileño Julio Bitelli partirá este lunes por la mañana a Brasilia, sin fecha cierta de retorno.
Si bien el vínculo bilateral ya oscilaba entre la distancia y la frialdad institucional, pocos esperaban que Milei atacara de modo tan directo a su par brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, en medio del lanzamiento de su rival directo Flávio Bolsonaro, como candidato presidencial.
Aún en etapa de control de daños, desde el Gobierno aseguran que, más allá de atender en el corto plazo el enojo de su vecino -el embajador en Brasil, Daniel Raimondi, deberá dar explicaciones en Itamaraty por las acusaciones de “ladrón” y “presidiario” hacia Lula que expresara Milei-, no habrá pedido de disculpas oficial por los dichos del Presidente hacia la cabeza de su principal socio del Mercosur.
“Pedido de disculpas no va a haber”, comentó una alta fuente oficial, conocedora del persistente encono del Presidente con el veterano mandatario brasileño y su cercanía con los Bolsonaro. “A lo mejor no decir nada más es una manera de desescalar”, arriesgó otro vocero del oficialismo, aunque el propio Milei subió la apuesta durante el domingo, al involucrar a Brasil en la “campaña antiargentina” desatada en coincidencia con los partidos del seleccionado nacional en la Copa del Mundo de Estados Unidos.

Tampoco ayudó ni ayudará a calmar las aguas, comentaron fuentes de ambas orillas, la presencia de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y del canciller Pablo Quirno cerca de Milei mientras este calificaba de “zurdo”, “ladrón” y “presidiario” a su par brasileño.
¿Volverá Bitelli a su puesto en la embajada de la calle Arroyo? ¿Será expulsado Raimondi luego de conversar con el canciller Mauro Vieira, uno de los más enojados por los insultos de Milei? Fuentes oficiales y diplomáticas nacionales estimaron que la sangre no llegará al río por razones pragmáticas: las elecciones en Brasil están a la vuelta de la esquina –el 4 de octubre está prevista la primera vuelta- y la paridad es tal que –especulan- “al PT no le conviene polarizar más allá de lo discursivo”.
Mientras el ministro consejero, Eduardo Uziel, toma las riendas de la delegación diplomática brasileña en Buenos Aires, el caso de Bitelli recuerda otros conflictos del gobierno libertario con países gobernados por la centroizquierda o la izquierda, con desenlaces en su mayoría negativos.
Otros casos
Quizá el quiebre más fuerte es el de España que encabeza el socialista Pedro Sánchez. El vínculo se rompió en mayo de 2024, cuando Milei, en un acto del partido Vox en Madrid, aludió a “la mujer corrupta” en relación a la primera dama Begonia Sánchez, y presuntos casos de corrupción y tráfico de influencias que se le investigaban por entonces. La frase originó un conflicto diplomático entre ambos países, ya que desde el gobierno español llamaron a consultas a la embajadora española en Buenos Aires, María Jesús Alonso Jiménez (que no regresó a Buenos Aires) y le exigieron al primer mandatario que pida disculpas. Los ánimos se calmaron un tiempo después, y España designó un nuevo embajador, Joaquín María de Arístegui Laborde, que asumió su cargo en noviembre de ese año, pero el vínculo siguió por carriles institucionales. Milei lleva seis viajes a España en lo que va de su gestión, sin contacto alguno con el gobierno de ese país.

Otro caso similar al de Brasil y España es el cortocircuito entre Argentina y Colombia, gobernada hasta el próximo 7 de agosto por el izquierdista Gustavo Petro. Enojado por las calificaciones de “terrorista” y “asesino” que le propinara el presidente argentino, el mandatario colombiano anunció, en marzo de 2024 y a través de su cancillería, que ordenaba “la expulsión de diplomáticos de la embajada de Argentina en Colombia”, una delegación que estaba encabezada por el embajador Marcelo Dzugala. Petro también hizo un llamado a consultas a su embajador en Buenos Aires, Camilo Romero, quien regresó al mes siguiente con el objetivo de poner paños fríos. Duró muy poco: volvió a irse de Buenos Aires a fines de ese año, con el argumento de preparar su propia candidatura presidencial. Hubo que esperar hasta agosto de 2025, cuando Petro envió al empresario José Roberto Acosta como nuevo embajador. El entonces canciller Gerardo Werthein le dio en tiempo récord su plácet para desempeñarse como embajador, pero el vínculo siguió distante. Milei celebró, semanas atrás, el triunfo de Abelardo de la Espriella, rival ideológico de Petro, y estará en su jura como presidente, el próximo 7 de agosto.
Menos parecido al caso brasileño es el de Venezuela. Enfrentado con el gobierno libertario, el entonces presidente Nicolás Maduro expulsó en julio de 2024 a toda la delegación diplomática argentina, después de que Milei –plegado a Estados Unidos y la mayoría de los países occidentales- no reconociera como válido su triunfo en las elecciones presidenciales. Con la sede diplomática a cargo de Brasil durante largos meses, Argentina no repuso a su delegación en Caracas, aunque el lugar de Maduro, desde enero pasado y con el guiño de Washington, lo ocupa la presidenta interina Delcy Rodríguez.
Otros conflictos se dieron con gobiernos ubicados en las antípodas ideológicas como Irán, donde la delegación diplomática nacional (ya de por sí mínima), encabezada por el encargado de Negocios Jorge Mariano Jordán, debió trasladarse por tierra y en medio de una situación incierta al vecino Azerbayán a mediados de 2025, cuando estalló el conflicto directo entre Irán e Israel, aliado estratégico del gobierno libertario. Argentina respondió en abril de este año, expulsando a los últimos funcionarios del régimen iraní que seguían en funciones en Buenos Aires.
Por último, habría que sumar a esta cadena de desencuentros el vínculo con México. Milei tuvo una mala relación con el presidente socialista Andrés Manuel López Obrador, a quien llamó “ignorante” y de quien recibió el mote de “facho”, y el vínculo sigue distante con su sucesora desde octubre de 2024, Claudia Sheinbaum, aunque los escarceos verbales –que aparecen cada tanto-no derivaron en un llamado a consultas ni pedidos de expulsión de ningún diplomático.
Con información de:
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