José Luis Daza, el viceministro de Economía chileno que Javier Milei y Luis Caputo incorporaron para reforzar el equipo económico, quedó atrapado en una frase con demasiada historia y final poco feliz. En una entrevista radial aseguró que en la economía argentina ya se observan «brotes verdes», una expresión que quedó grabada en la memoria política por su asociación con el gobierno de Mauricio Macri y con una recuperación que nunca terminó de consolidarse.
Daza sostuvo que el Gobierno está creando las condiciones para que la mejora llegue a la población. «Ese proceso ya está en marcha, ya están los brotes verdes y somos conscientes de que tenemos que mejorar las condiciones de la gente. Para eso es todo el esfuerzo», afirmó durante una entrevista con Eduardo Feinmann en Radio Mitre.
La respuesta del periodista fue inmediata. Interrumpió la explicación para advertirle que acababa de utilizar una expresión con un fuerte costo político. «Eso no funcionó. Los brotes verdes también se dijeron durante el gobierno de Macri y no funcionó. Ojo con eso», le señaló al aire.
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En rigor, la frase terminó identificada con Macri, aunque no fue él quien la introdujo originalmente. El primero en instalarla fue su entonces ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, a mediados de 2016. Después la utilizaron con frecuencia Marcos Peña y Gabriela Michetti para defender la promesa del «segundo semestre».
Macri prefería otras consignas, como «lo peor ya pasó», «la lluvia de inversiones» o «la luz al final del túnel». Sin embargo, en distintas conferencias de prensa y encuentros con empresarios también terminó hablando de los «primeros brotes verdes», especialmente para describir la evolución del campo, la obra pública y algunos indicadores sectoriales. Incluso llegó a pedirles a los empresarios que «rieguen esos brotes» acelerando las inversiones.
Con el paso del tiempo, aquella expresión quedó definitivamente asociada al fracaso económico de 2018. La ilusión duró apenas unos meses. A fines de abril de ese año se cerró el financiamiento externo y estalló la corrida cambiaria que obligó al gobierno de Cambiemos a recurrir al FMI. Desde entonces, «los brotes verdes» pasaron a integrar el mismo archivo político que otras frases emblemáticas de aquella gestión, como «pasaron cosas».
Ante semejante carga simbólica, Daza intentó rápidamente diferenciarse del macrismo. Reconoció que Macri «hizo muchas cosas bien», aunque aclaró que siempre fue crítico de su política fiscal y de otros aspectos de su programa económico. Buscó dejar en claro que, a su juicio, la principal diferencia entre ambos gobiernos es haber alcanzado el superávit fiscal.
Pero justamente ese punto es hoy objeto de discusión. Distintos economistas sostienen que el equilibrio fiscal se apoya en el diferimiento de pagos de intereses, el crecimiento de la deuda flotante y un congelamiento insostenible de la obra pública. A eso se suma que junio fue un mes deficitario en un contexto de fuerte caída real de la recaudación. El Centro CEPA calculó que el Gobierno todavía necesita un ajuste cercano a los 10 billones de pesos para cumplir la meta fiscal anual comprometida con el FMI.
La paradoja es que, al intentar explicar qué quiso decir con los «brotes verdes», Daza terminó describiendo una idea muy similar a la que defendía el macrismo hace una década. «Lo que estamos viendo es que se están creando las bases, las empresitas, los empleos, poco a poco, que todavía no se ven», explicó. Después reemplazó la expresión cuestionada por otra figura. Citó un proverbio japonés: «Hace más ruido un árbol cayéndose que cien plantitas creciendo».
Para el viceministro, esa transformación ya puede observarse en los sectores más dinámicos de la economía. Mencionó la minería, la energía y el crecimiento de las exportaciones industriales, que según afirmó avanzan a un ritmo superior al 30% interanual. También destacó la eliminación de trabas regulatorias al empleo y a la inversión y recordó que existen solicitudes de inversión por unos 140.000 millones de dólares que, según la expectativa oficial, llegarán al país.
El problema es que esa promesa también remite a un debate conocido. Los sectores exportadores muestran dinamismo, pero la mejora no logra extenderse al conjunto de la economía.
La presencia de Daza tampoco deja de ser una singularidad política. Junto con el uruguayo Ernesto Talvi, encargado de la negociación con el Fondo Monetario en tándem con Leonardo Madcur, ocupan lugares centrales en la conducción económica argentina. Una situación poco frecuente en las grandes economías. Resultaría difícil imaginar, por ejemplo, a un ministro francés integrando el gabinete económico británico o a un alemán negociando en nombre del Tesoro italiano.
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