El santuario de los cactus: un refugio en Chile que es modelo de conservación

Punta de Lobos es uno de los rincones naturales más emblemáticos de la costa de Chile, en la comuna de Pichilemu, a 300 kilómetros al sur de Santiago. Reconocido por sus olas y sus acantilados, es también un ecosistema frágil, donde conviven el bosque esclerófilo, especies endémicas y una intensa vida cultural ligada al mar y a la pesca artesanal.

El parque bordea una playa que alberga una ola única ideal para la práctica del surf

Frente a la amenaza de proyectos inmobiliarios, la comunidad, a través de un consorcio privado, impulsó la adquisición de los terrenos ubicados en la punta del acantilado para transformarlos en un parque de conservación. Finalmente, la iniciativa tuvo asidero, el consorcio privado logró la compra de la tierra y así nació el Parque Punta de Lobos, un proyecto privado de acceso público que se impuso como objetivo la preservación de la zona, la repoblación de las especies nativas y la conservación como premisa.

El origen de una transformación

Al adquirir los terrenos, lo primero que se hizo fue identificar las especies del lugar. Fue así como se detectaron cactáceas endémicas —como el cactus de Tanumé y el quisco de los acantilados—, pero que tenían la particularidad de tener baja tasa de germinación natural y poblaciones cada vez más reducidas. Esta situación forzó un plan para lograr la repoblación de estas especies y determinar los pasos para su concreción.

El cactus de Tanumé vive cercano a la costa, en los acantilados y maderas

Qué se hizo: del invernadero al parque

El trabajo comenzó con el asesoramiento en el cultivo de cactáceas ya que, por las condiciones del lugar, se hacía difícil lograr su reproducción en la zona. Se propuso, entonces, la colecta de semillas de cactus, respetando los ciclos naturales de floración y fructificación. Luego de esa colecta, la segunda fase es la limpieza y secado. Finalmente, las semillas son enviadas a un asesor especializado en la Región Metropolitana encargado de su reproducción.

Luego de la recolección de semillas y su primer crecimiento, regresan al invernadero para que continúe su desarrollo

Cuando alcanzan un tamaño adecuado —proceso de aproximadamente un año— las plantas vuelven a Punta de Lobos, donde continúan su desarrollo en los invernaderos que se construyeron especialmente para albergar los plantines. Allí permanecen entre cinco y siete años, mientras otras pasan a camas de cultivo al aire libre para “endurecerse” antes de ser trasplantadas a su hábitat natural.

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Este proceso se desarrolló en alianza con expertos externos, entre ellos Santiago Figueroa (@cactuslagarto) y Vivero Pumahuida. Paralelamente, se realizaron jornadas de voluntariado para la recuperación de suelos, preparación de sustrato e incorporación de materia orgánica, dejando el terreno listo para recibir a los nuevos ejemplares.

Nona Caracciolo, una de las guardaparques de Punta de Lobos

Nona Caracciolo Soto es guardaparque en Punta de Lobos. Es ella quien sigue, junto con otros guardaparques, este proceso de reforestación, identifica especies, replanta y compromete su tiempo y su vida para que este pequeño espacio costero sea ejemplo de biodiversidad.

“Se pudo identificar que era muy importante hacer algo para proteger esta flora y poder reproducirla porque son especies que su éxito de germinación y reproducción de forma natural no es muy alto y quedan pocas poblaciones”, explica. “En el año 2023 y con todo el aprendizaje de estos años, decidimos que esto no era suficiente, sino que hacía falta un plan que vea el ecosistema como un ser más completo y que abarque otros aspectos y así surge la necesidad de reproducir otras especies”, agrega.

Se seleccionaron entonces otro tipo de plantas, se construyó un vivero propio y se siguió con la reproducción de chagual, jarilla y molle, entre otras especies. El equipo dio un paso más ambicioso: dejar de mirar la reproducción de plantas de forma aislada y desarrollar un verdadero Plan de Restauración Ecológica, que entiende el ecosistema como un todo interconectado.

La plantación se realiza en viveros especializados para garantizar su crecimiento

Los números de la repoblación de cactus

El proyecto ha reproducido tres especies de cactus, dos de ellas endémicas, junto con catorce especies de plantas nativas, buscando llegar a un total de 35 especies. En conjunto, ya se han propagado más de 25.000 cactus y 6.500 plantas nativas: algunas permanecen en los invernaderos y otras ya fueron trasplantadas de manera definitiva en el parque.

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El invernadero es parte del proceso para el crecimiento de los cactus hasta que llegan a la tierra

Este proceso se ha intensificado en los últimos años: miles de semillas de cactus recolectadas en Punta de Lobos se envían a reproducir fuera de la zona, regresan con mayor tamaño y se preparan en los invernaderos de cara a la temporada de repoblación, concentrada habitualmente entre marzo y abril.

Una comunidad que cambió de mirada

El camino no ha estado exento de desconfianza. Durante los primeros años, parte de la comunidad de Pichilemu mostró escepticismo, dudando de que el proyecto lograra proteger realmente el lugar. Con el paso del tiempo y la visibilidad de los resultados —invernaderos activos, senderos restaurados con geoceldas y maicillo, y un ecosistema con signos concretos de recuperación— esa percepción ha cambiado hacia una valoración cada vez mayor.

Así estaba la punta en 2017 cuando se comenzó con el proceso de repoblaciónEn 2023 el predio ya mostraba su transformación

Junto con el trabajo en terreno, el equipo del parque impulsa un componente educativo llevando charlas a colegios de la comuna para explicar la importancia de proteger este patrimonio y fomentar una conciencia socioambiental más amplia.

Un ejemplo de conservación a perpetuidad

Hoy, el Parque Punta de Lobos es citado como un ejemplo de conservación a nivel mundial, sostenido en un modelo de parque privado de protección donde no se permite dejar basura y cada intervención busca respetar el equilibrio del ecosistema. Lo visitan cerca de 600.000 personas al año. La aspiración del proyecto es simple y ambiciosa: que la punta permanezca tal como alguna vez fue conocida, para todas las generaciones futuras.

Con información de:

https://www.lanacion.com.ar/

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