ATLANTA (enviado especial).- La semifinal del morbo. La Argentina e Inglaterra jugarán este miércoles uno de los partidos más atractivos de esta Copa del Mundo, que se sumará a una lista de enfrentamientos emblemáticos entre dos países que llevaron sus conflictos históricos a una rivalidad futbolística como pocas en el mundo.

Lionel Scaloni intentó sumar sensatez ante un duelo que ya se vive en redes sociales. En la noche de Kansas City, tras el triunfo ante Suiza, desde las tribunas del Arrowhead Stadium sonó más que nunca “el que no salta es un inglés”. “El mensaje ante Inglaterra es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa. Tienen un gran entrenador, que aprecio, pero repito: es un partido de fútbol”, aseveró el entrenador.

Debido a la magnitud de ambas hinchadas, la policía de Atlanta junto a las autoridades federales prevén un fuerte operativo de seguridad en la previa y durante el partido. Ambas selecciones ya jugaron en esta ciudad en la que fueron “locales”. Aquí la selección enfrentó a Egipto por los octavos de final mientras Inglaterra eliminó a Congo por los dieciseisavos.
Antecedentes
En el ADN nacional están frescas aquellas imágenes del capitán Antonio Rattin, quien justo falleció este sábado antes del partido contra Suiza, estrujando el banderín británico tras su polémica expulsión en el Mundial de Inglaterra 66. Más cercano en el tiempo, la batalla en Francia 98, con los himnos de ambas selecciones abucheados y el triunfo por penales para la selección argentina en octavos de final. El último enfrentamiento mundialista fue en Japón-Corea 2002, con gol de David Beckham, que se tomó revancha de aquella expulsión cuatro años antes y que dejó al borde de la eliminación a la selección que se despidió en primera ronda.

Sin dudas el partido más recordado por la memoria popular es el que elevó a Diego Maradona al cielo: el 2-1 en cuartos de final de México 86.
Hace cuarenta años el mundo era otro. Solo habían pasado cuatro años de la guerra de Malvinas y las heridas todavía estaban a flor de piel en la sociedad argentina. Unos meses antes del choque contra los ingleses en el estadio Azteca se había producido la condena por el Juicio a las Juntas Militares y el Plan Austral empezaba a debilitarse hasta coronar una inflación que en el año del Mundial trepó hasta el 80 por ciento. Para el partido por los cuartos de final, celebrado el 22 de junio, la CGT que comandaba Saúl Ubaldini ya había realizado su tercer paro general del año contra el gobierno radical de Raúl Alfonsín.
En Inglaterra, la imagen de la premier conservadora Margaret Thatcher comenzaba a ceder terreno luego de la popularidad que había ganado cuatro años atrás con el conflicto bélico en el Atlántico Sur. Desempleo, inflación y frentes políticos internos acompañaban la gestión de la Dama de Hierro que gobernó Gran Bretaña entre 1979 y 1990.
Era la época de los hooligans, que sembraban terror en las canchas inglesas y europeas, y que habían llegado a México para hacer de las suyas. La selección que tenía a Gary Lineker como figura hizo base en Monterrey, que también fue sede de este Mundial 2026. La ciudad todavía recuerda el paso de los barras ingleses, que destrozaron bares y comercios en el centro de la ciudad y generaron disturbios. Cerca de 6000 policías mexicanos intentaron contener la violencia que luego se trasladó a la capital para el partido frente a Argentina en el Azteca.
Del lado argentino, las historias tribuneras se multiplicaron con los años. Desde el robo de banderas antes del partido de la Mano de Dios y el Gol del siglo, hasta los enfrentamientos a golpes de puño en las gradas del mítico estadio, con varias fotografías emblemáticas que ahora se esparcen por redes sociales en la previa del partido del miércoles.
Cuarenta años después, la Argentina sigue peleando contra la inflación y muchos de aquellos problemas de los ochenta siguen vigentes en la agenda diaria de los argentinos. Por su lado, la sexta potencia mundial atraviesa una crisis política producto del anuncio de dimisión de su premier, Keir Starmer, mientras todavía sufre los efectos de su salida de la Unión Europea hace una década. Según un análisis realizado en base a datos del Banco de Inglaterra, la economía del Reino Unido sufrió un impacto del 6% en su PBI por los efectos del Brexit.
Hooligans
A tres días de la semifinal, el escenario en las tribunas promete ser diferente, aunque no menos inquietante.
¿Qué pasará con los himnos? Hasta ahora los argentinos y sus rivales han mostrado respeto en la previa de cada partido. En el Argentina-Inglaterra de 1998, los ingleses cantaron encima durante todo el himno argentino, mientras que los hinchas de la selección chiflaron el “God Save the Queen”. En el estadio Geoffroy-Guichard de Saint-Étienne, la selección de Daniel Passarella eliminó por penales a Inglaterra. Los medios ingleses venían calentando la previa y los hooligans habían causado destrozos e incidentes en Marsella, la sede anterior.

Los hooligans fueron barridos de los estadios ingleses y desde hace muchos años ya no son una amenaza cuando los clubes o la selección salen de las islas. La UK Football Police Unit, el organismo encargado de controlar a los violentos en Gran Bretaña, emitió una orden de restricción contra 2300 hinchas antes de este Mundial. Les retiraron el pasaporte para que no pudieran viajar a Estados Unidos, Canadá o México.
La FIFA prohibió además a los hinchas ingleses portar en las tribunas banderas que muestren cualquier tipo de fusil, algo que era habitual en las canchas del Reino Unido como forma de homenajear a los soldados caídos.
Inglaterra es uno de los equipos más convocantes de este Mundial. La albiceleste encarará por primera vez a una selección de jerarquía, cuarta en el ranking FIFA, y a una hinchada que jugó de local en casi todos los partidos. Mientras Argentina se enfrentó en las tribunas con un puñado de simpatizantes suizos, caboverdianos, jordanos, austríacos y argelinos, con Inglaterra será otra historia.
El equipo europeo jugó hasta aquí en seis ciudades diferentes: Dallas, Boston, Nueva York, Atlanta, Ciudad de México y Miami. Como Argentina, repetirá la sede en el estadio de Georgia en el duelo de semifinales. Hasta aquí no se reportaron disturbios de magnitud. Solo en la capital mexicana, donde el equipo inglés eliminó a los locales en octavos de final, se vivió un clima de tensión en la previa. Inglaterra denunció “sabotaje” por parte de los aficionados locales que buscaron generar ruido y caos en la puerta del hotel de la concentración. Entre los 80.000 espectadores que colmaron ese día el Azteca, hubo unos 6000 ingleses que viajaron para acompañar a su equipo.

Tribuna segura
Del lado argentino, a través del programa Tribuna Segura, el Ministerio de Seguridad compartió con las autoridades norteamericanas un listado de 35.000 personas que no pueden ingresar a los estadios, alcanzadas por restricciones judiciales, policiales o administrativas vinculadas con hechos de violencia en espectáculos deportivos. Entre ellos figuran barras junto a deudores de la cuota alimentaria.
Por su parte, el secretario del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, Markwayne Mullin, calificó de “increíble” el enorme operativo de seguridad que se montó alrededor de esta Copa del Mundo y destacó la colaboración entre las fuerzas federales, estatales y locales.
En una entrevista reciente con Fox News, Mullin dijo que no va a poder dormir bien hasta el 20 de julio, el día después de la final del Mundial, y destacó: “No queremos que se sientan como si estuvieran paseando por una zona de guerra, pero queremos que todo el mundo sepa que también estamos trabajando muy duro para garantizar la seguridad. No me importa si estás fuera del estadio o dentro, pero la cantidad de agentes que tenemos dedicados a esto es realmente impresionante”. El funcionario republicano destacó “la visión del presidente Trump de traer aquí el Mundial para celebrar nuestro 250 aniversario”.
Con información de:
https://www.lanacion.com.ar/





