La Atlantic City argentina: el misterioso y frustrado intento de crear un balneario “a la europea” en la costa argentina

Entre finales del siglo XIX y principios del XX hubo un sueño, o mejor dicho dos, frente al mar argentino. El primero prosperó lo suficiente para dejar una huella que todavía perdura: la ciudad balnearia de Ostende. El segundo era igual de grande, pero quedó reducido a un edificio solitario, apenas una fracción de lo que prometía ser.

El proyecto iba a llevar el nombre de Atlantic City como una estrategia de marketing inmobiliario: daba la idea de éxito, de glamour. Se vislumbraba como un gran centro turístico sobre los médanos de Ostende que, de terminarse, hubiese sido un complejo de escala europea sobre la costa bonaerense. Su pieza central iba a ser el Atlantic Palace, un hotel que aspiraba a ser un gigante, pero que se quedó a mitad de camino.

Proyección del balneario de Ostende,m 1913 (Foto: https://fotosviejasdemardelplata.blogspot.com/)

Hasta esos momentos, las playas eran territorio de pescadores y marineros. No existía la costumbre de bañarse en el mar por placer. Recién hacia finales del XIX, la corriente higienista en Europa difundió estudios sobre los beneficios terapéuticos del agua salada, el sol y la brisa marina. La idea del “turismo de salud” se extendió rápidamente y dio origen a una nueva forma de habitar la costa.

Francia, Alemania y Bélgica desarrollaron, para entonces, ciudades-balneario pensadas para el descanso de las clases acomodadas. Con el crecimiento del ferrocarril y otros medios de transporte, esos destinos dejaron de ser exclusivos y el turismo marítimo se expandió entre sectores cada vez más amplios de la población.

A principios del siglo XX Ostende era un inmenso paisaje de médanos móviles, sin forestación ni infraestructura (Foto: https://fotosviejasdemardelplata.blogspot.com)

La Argentina siguió ese modelo. Mientras Mar del Plata crecía sin parar, otros sectores de la costa despertaban el interés de extranjeros que imaginaban traer al país lo que ya se había desarrollado en Europa. Así sucedió con Ostende, que para esos años todavía era un inmenso paisaje de médanos móviles, sin forestación ni infraestructura. Pese a esto, para muchos de los inmigrantes europeos escondía el potencial de convertirse en un gran balneario.

La Bélgica argentina

Primero, el gobierno nacional habilitó que los grandes terratenientes expandieran sus campos hacia esas zonas no ocupadas, no trabajadas, la mayoría, en concesión. La parte de Ostende se la cedieron a Martín de Álzaga y, tras su muerte, pasó a manos de la familia de Felicitas Guerrero, su viuda, hasta que la vendieron al belga Fernand de Robette y al italiano Agustín Poli. Los dos estaban convencidos de que las dunas podían transformarse en un balneario similar al de Oostende, en Flandes, de donde venía Robette. No proponían solo levantar un hotel, sino fundar una ciudad.

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Era 1908 y se pusieron manos a la obra: convocaron a los arquitectos franceses Chapeaurouge y Auguste Huguier, y a los ingenieros Weber y Gilardón, que diseñaron un proyecto urbanístico pensado para el turismo, con amplias avenidas, hoteles, espacios públicos y un trazado que replicaba el espíritu de los grandes balnearios europeos. El desafío, sin embargo, era enorme. Todo debía construirse sobre un paisaje de arena en permanente movimiento.

Robette y Poli colocando la piedra fundacional de Ostende en 1913 (Foto: https://fotosviejasdemardelplata.blogspot.com)

Entre 1913 y 1914 se levantó el Hotel Termas Ostende, hoy conocido como Viejo Hotel Ostende, uno de los edificios más emblemáticos de la localidad. Pero el gran proyecto que imitaría a aquel otro Oostende nunca se completó: la Primera Guerra Mundial obligó a Robette a volver a Bélgica y buena parte del impulso inicial se perdió. Además, las condiciones del terreno, con médanos que avanzaban sobre las construcciones, convertían cualquier obra en un desafío permanente.

Los inicios del Viejo Hotel Ostende, en esa época Hotel Termas.habitación 51 del Viejo Hotel Ostende, donde se alojó Saint ExuperyEl Viejo Hotel Ostende es una de las tres construcciones originales que siguen en pie en el balneario

Pero el proyecto no desapareció por completo. Algunas construcciones quedaron en pie y dieron forma a Ostende, una localidad que quedó lejos de la ciudad que habían imaginado sus fundadores.

Tras ese fracaso parcial, Huguier volvió a apostar por los médanos entre 1927 y 1928. Iba a retomar el sueño desde otra escala: proyectó sobre esos terrenos un nuevo desarrollo urbano, convencido de la posibilidad de ese gran centro turístico. Lo bautizó Atlantic City, y el Atlantic Palace sería el edificio principal, alrededor del cual crecería todo el resto.

Un megalómano proyecto

Atlantic Palace no iba a ser un alojamiento más, sino el eje de un complejo turístico que podía competir con los grandes balnearios europeos. La propuesta incluía, además del edificio principal, un casino, club, piscinas, espacios para deportes náuticos, un muelle de pesca, amarras para yates, canchas de golf y tenis, salas de cine y espacios para conciertos. Se perfilaba como el corazón de la ciudad.

Proyecto original del Atlantic Palace Hotel

En Libro de huéspedes. 100 años del Viejo Hotel Ostende, los autores reconstruyeron la apuesta frustrada: “El megalómano proyecto del Palace Hotel se dilató hasta 1928, y para entonces el destino de Ostende ya estaba echado”. Firmaron los planos y arrancaron las obras, de las que participaba también la provincia de Buenos Aires, porque la idea era replicar un complejo similar después en Mar del Plata.

De todo eso quedaron los planos: un edificio de estilo ecléctico francés que iba a ser un gigante en medio de la playa, hoy en la esquina de Nuestras Malvinas y Mitre, en Mar de Ostende. Pero, a pesar del gran sueño, nunca pasó de ser un ideal.

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Solo se construyó una catorceava parte del proyecto original de hotel (Foto: https://fotosviejasdemardelplata.blogspot.com)

Finalmente, el golpe militar de 1930 cambió el destino de Atlantic City (y Palace) para siempre: el apoyo de las autoridades provinciales desapareció cuando y solo se había llegado a construir “una catorceava parte del proyecto”: un edificio de tres pisos con 17 habitaciones, tres baños, cinco cuartos para el personal, una cocina y una sala de estar. Todo lo que hoy queda en pie.

Una década después, tanto el hotel como las 64 hectáreas que lo rodeaban fueron adquiridos por Emilia Melnik de Bercum, una inmigrante de origen rumano a quien en Ostende conocían como “la Turca” o “la Rusa”. En 1943, Bercum conoció a Herman Parini, que se dedicaba a las propiedades en Buenos Aires, y le insistió para que “se diera una vuelta por Ostende y evaluara las posibilidades del negocio: conseguir un grupo de accionistas dispuestos a comprar ‘las tierras’ (es decir, los médanos) para así proceder a su loteo y venta”.

Parini quedó cautivado por el paisaje y asumió la explotación del hotel hasta 1947, cuando se constituyó Mar de Ostende SRL y pudieron lotear las tierras. Con el tiempo el edificio pasó por varias manos que le dieron el uso de alojamiento para el que fue construido. En 2019, finalmente, lo remodelaron y lo revivieron bajo el nombre de Hostel Pinamar Atlantic Palace, que funciona como un albergue juvenil sobre todo en la temporada de verano.

Aunque siga en pie, lo cierto es que de aquel otro hotel que habían proyectado, y de aquella otra gran ciudad que habían soñado, solo quedan estos vestigios, estos pocos metros cuadrados a pasos de la playa, una mínima muestra de la ambición inicial de un inmigrante.

Con información de:

https://www.lanacion.com.ar/

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