Nadie sabe cuál será la huella más duradera que le dejará un libro. Hace ya unos años que leí Viento del Este, de Liliana Villanueva, y todavía me resuena una frase: “¿Puede alguien ser sutil todo el tiempo?”. Viento del Este es la crónica de la visita que la autora hace a China, donde Max, su hijo, realiza un intercambio estudiantil. La pregunta la formula Max, protegido por la intimidad de la lengua que solo comparte con su madre, mientras observa a un chico de su edad, integrante de una familia china.
¿Puede alguien ser sutil todo el tiempo? ¿Puede alguien lograr una escritura así?
Acabo de releer Las palabras de la noche, libro de Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991) que ya lleva unas cuantas reediciones; la última, este año.
En Las palabras de la noche hay tragedia, dolor, alegría, pero ningún trazo grueso. Como si cada una de esas emociones se filtrara, silenciosa y eficaz como el curso que abre el agua por entre las paredes de una casa, a través de las expresiones casuales, las reiteraciones orales, el blablá habitual de los encuentros entre vecinos
A diferencia de Léxico familiar (su libro más leído en la Argentina), Las palabras de la noche es ficción. De manera similar a Léxico familiar, parece construido solo a partir de diálogos simples, palabra común, dichos populares hechos carne en tal o cual personaje. El relato se entreteje por entre conversaciones que a veces son caudalosas, otras secas, muy de vez cuando al borde del monosílabo. El relato: un año en la vida de Elsa, personaje que al comienzo de la novela será solo una voz que relata la historia reciente de su pueblo, una pequeña localidad piamontesa donde la vida gira en torno de una fábrica textil. A través de la discreta vos de Elsa vamos conociendo los rasgos del dueño de esa fábrica, de sus hijos, de alguna otra de las familias del pueblo. Asistimos, también, al modo en que la irrupción del fascismo y luego la Segunda Guerra quiebra, tuerce, interrumpe algunas de esas vidas.
Uno de los hallazgos de Ginzburg es el tono. En Las palabras de la noche hay tragedia, dolor, alegría, pero ningún trazo grueso. Como si cada una de esas emociones se filtrara, silenciosa y eficaz como el curso que abre el agua por entre las paredes de una casa, a través de las expresiones casuales, las reiteraciones orales, el blablá habitual de los encuentros entre vecinos.
“–¿Sabes que mataron a Nebbia?
–¿A Nebbia?
–Pues sí. Lo detuvieron los fascistas y lo mataron justo ahí detrás, en aquellas rocas. Era de noche y oímos gritar. Por la mañana, la criada encontró la bufanda, las gafas rotas y sombrero, aquel de pelo que él llevaba siempre.»
No habrá más detalles, ni para la narradora que reconstruye esos diálogos ni para los lectores que siguen su relato. No más detalles, salvo el horror latente en cada palabra que comunica la muerte del tal Nebbia, justo el día de la Liberación. Quien escucha la noticia es el viejo Balotta, dueño de la fábrica textil y padre de varios de los amigos de Nebbia. Al día siguiente, Balotta asiste a los festejos por la Liberación, intenta esbozar un discurso, recuerda al muchacho asesinado. Horas después, por la noche, muere. No más detalles.

La de Ginzburg es una escritura peligrosa. Y no solo por su manera de hacer emerger, como quien quiere la cosa, la tragedia histórica.
“La felicidad siempre parece mentira, es como el agua, y se comprende solo cuando se ha perdido”, dice un personaje. Porque la Historia nos construye, y nuestros ínfimos dramas cotidiano también la construyen a ella.
“¿Por qué lo hemos echado a perder todo, todo?“, exclama otro personaje. No habla de política, ni de la guerra, ni de conciencia de clase. Habla de amor. El otro gran, enorme, tema de Las palabras de la noche: lo agridulce del lazo humano, sus estrechas posibilidades, los instantes –siempre apenas instantes– de plenitud.
¿Cómo hizo Ginzburg para abordar todo esto sin volver solemne su escritura, sin pontificar, dejando que el fluir del habla hiciera lo suyo? Privilegios que otorga el don de la sutileza.
Con información de:
https://www.lanacion.com.ar/





