CÓRDOBA.- La causa por la muerte del instructor de vuelo Leandro Andrés Bertazzo, ocurrida el sábado por la tarde en Córdoba, pasó a manos del fiscal federal Carlos Gonella, de turno durante la feria judicial.
El expediente fue remitido por la fiscalía de instrucción de Río Segundo, a cargo de Patricia Baulies, luego de que se declarara incompetente para intervenir. Antes de ello, tomó las primeras medidas de prueba, entre ellas la custodia policial de la aeronave Cessna 150G.
El sábado por la tarde, el Cessna 150G era piloteado por una joven de 22 años que ya contaba con licencia, pero debía completar horas de vuelo, por lo que tenía que operar acompañada por un instructor. Era el segundo viaje que Bertazzo realizaba ese día desde el aeródromo Coronel Olmedo.
«Era una persona amable, no había indicios de que pudiera hacer algo así»
Eduardo Álvarez, director de la escuela de aviación donde trabajaba Leandro, el joven que se arrojó desde la avioneta, comentó cómo lo vio horas antes del hecho.
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— La Nación Más (@lanacionmas) July 6, 2026
Según el relato de la joven, Bertazzo le pidió que mantuviera el rumbo previsto y le dijo: “Vos sabés lo que tenés que hacer”. Después se quitó los auriculares, acomodó sus pertenencias, guardó el celular, se desabrochó el cinturón de seguridad, abrió la puerta del avión y cayó.
Hasta ayer, las fuentes judiciales consultadas por LA NACION coincidían en que la hipótesis que cobraba más fuerza era la de un suicidio. Sin embargo, finalmente la fiscal provincial se declaró incompetente. Según algunas fuentes allegadas a la causa, ahora se investiga también si pudo haber existido algún problema en la puerta de la aeronave que provocara su apertura.
De acuerdo con el comunicado oficial, el fiscal general Gonella está abocado a la investigación. Hasta el momento no se han presentado querellantes en la causa.
La Justicia aguarda además el informe que debe elaborar la Junta de Investigación de Aviación Civil.
Cuando Eduardo Álvarez, director de la empresa donde trabajaba Bertazzo, habló con el padre del instructor el sábado por la tarde, el hombre le comentó que su hijo atravesaba “un mal momento”.
Días antes, había realizado una consulta en una clínica psiquiátrica. En su ámbito laboral desconocían esa situación. Bertazzo era soltero y no tenía hijos.
Álvarez precisó que los protocolos obligan a suspender un vuelo cuando existe alguna condición que pueda afectar la aptitud del piloto, aunque subrayó la complejidad de detectar este tipo de situaciones cuando no son explicitadas. “Estamos todos shockeados”, admitió.
Bertazzo, piloto comercial que incluso se había postulado recientemente para ingresar en una compañía privada, trabajaba desde hacía cuatro años en la escuela Flying Parrot Córdoba. También había desarrollado parte de su trayectoria profesional en Chile.
Sus compañeros lo describen como un profesional muy capacitado, reconocido además por su buen humor. El director de la empresa resaltó que acumulaba casi una década de formación continua y experiencia en la actividad, lo que lo había convertido en una referencia habitual para los estudiantes que daban sus primeros pasos en la aviación.
En sus redes sociales, el instructor indicaba que poseía la licencia de Piloto de Transporte de Línea Aérea (ATP) otorgada por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), el nivel más alto de certificación para pilotos. Esa habilitación es requisito para desempeñarse como piloto al mando en aerolíneas de transporte regular y, por lo general, exige acreditar 1500 horas de vuelo, aprobar un examen escrito específico y completar el programa de formación correspondiente.





