Kamala Harris y la prueba del algodón

Lo peor de usar palabras como “ola” o “tsunami” para hablar de política es que acabamos pensando que lo que termina por suceder era tan inevitable como el tiempo. La expresión “ola populista” es un buen ejemplo, pero fíjense ahora en la renovada energía que ha despertado Kamala Harris, pues viene a decirnos lo contrario: el trumpismo no es inevitable y son los partidos quienes deben mermar su influencia. Ivan Krastev lo dice con más poesía: “La magia de la democracia reside en su capacidad de renovación y autocorrección”. Las democracias no se cambian o resetean a sí mismas, debe haber voluntad para ello. Cuando la victoria de Donald Trump parecía inevitable, cuando el atentado contra él intensificó dramáticamente esa sensación y el electorado se debatía entre dos líderes geriátricos y decadentes como aquellos de la gerontocracia soviética, el partido demócrata supo reaccionar.

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