Trump lanza una dura advertencia sobre Groenlandia y Dinamarca se planta en una reunión clave

WASHINGTON.– Donald Trump tiene una idea fija con Groenlandia y parecer cada vez más decidido a concretarla a cualquier costo. Antes de una tensa reunión sobre el futuro de este territorio semiautónomo que depende de Dinamarca, el presidente norteamericano lanzó un mensaje en el que insistió sobre la “necesidad” de Estados Unidos de tomar el control de la isla y que recalentó la pulseada con sus aliados europeos y de la OTAN.

Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional. Es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo. La OTAN debería liderar el camino para que la consigamos. ¡Si no lo hacemos nosotros, lo harán Rusia o China, y eso no va a suceder!“, escribió esta mañana Trump en su red Truth Social, en medio de la expectativa en Washington por la reunión que sostuvieron después hoy el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, con el canciller danés, Lars Løkke Rasmussen, y la jefa de la diplomacia groenlandesa, Vivian Motzfeldt.

“Militarmente, sin el vasto poder de Estados Unidos, gran parte del cual construí durante mi primer mandato y que ahora estoy llevando a un nivel nuevo y aún más alto, la OTAN no sería una fuerza ni un elemento disuasorio eficaz, ¡ni de lejos! Ellos lo saben, y yo también. La OTAN se vuelve mucho más formidable y eficaz con Groenlandia en manos de Estados Unidos. Cualquier otra opción es inaceptable“, ahondó el líder republicano en su mensaje, que se sumó a una catarata de advertencias en los últimos meses sobre sus intenciones de tomar el territorio semiautónomo en el Ártico.

El debate sobre el futuro de Groenlandia se trató más tarde en la Casa Blanca, con una reunión a puertas cerradas que, según temían algunos dirigentes europeos, podía agravar aún más la división transatlántica que amenaza con desestabilizar la alianza de la OTAN ante las crecientes ambiciones de Trump.

El presidente Donald Trump habla durante una reunión con ejecutivos petroleros en la Sala Este de la Casa Blanca, el 9 de enero de 2026, en Washington. Lo acompañan, el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio.

En una conferencia de prensa tras la reunión, el ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, afirmó que Dinamarca y Groenlandia continuarán el diálogo con Estados Unidos a pesar de un “desacuerdo fundamental” sobre el futuro de la isla ártica.

“Hemos decidido formar un grupo de trabajo de alto nivel para explorar si podemos encontrar una solución común”, dijo el funcionario danés, al exponer la tensión que dominó la reunión.

“Aunque discrepamos, es en interés de todos que acordemos explorar si es viable atender algunas de las preocupaciones, respetando al mismo tiempo la integridad del territorio del reino danés y la autodeterminación del pueblo groenlandés”, declaró Rasmussen. “Si bien nuestra visión sobre la situación actual en Groenlandia difiere de las declaraciones públicas en Estados Unidos, compartimos las preocupaciones a largo plazo”, agregó, para enviar un guiño a su contraparte norteamericana.

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Algunos funcionarios europeos, que esperaban que la reunión sirviera para obtener aclaraciones de Rubio sobre la política de la Casa Blanca hacia Groenlandia, expresaron su inquietud antes de las conversaciones, debido a la participación prevista de Vance. En el pasado el vicepresidente ha mostrado un discurso crítico con los aliados tradicionales de Estados Unidos, incluidos los de la OTAN.

Donald Trump considera a Groenlandia una isla estratégica para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Ante las crecientes presiones, Copenhague ha ofrecido una mayor cooperación militar y económica con Estados Unidos, pero sus autoridades se oponen rotundamente a la insistencia de Trump de que cedan el control de Groenlandia.

Los primeros ministros de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y de Dinamarca, Mette Frederiksen, en una conferencia de prensa en Copenhague, el 13 de enero de 2026.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, había alertado que una intervención estadounidense contra Groenlandia —que, como parte del reino de Dinamarca, ya está bajo la protección de la OTAN— destruiría la alianza. Y el premier de la isla, Jens-Frederik Nielsen, ya dejó en claro que su población no está interesada en una anexión por parte de Estados Unidos.

Si tuviéramos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos Dinamarca. Elegimos la OTAN, el reino de Dinamarca y la Unión Europea”, dijo el martes, durante una conferencia de prensa conjunta en Copenhague con Frederiksen.

Además, según una encuesta de Reuters/Ipsos publicada este miércoles, solo el 17% de los estadounidenses aprueba los esfuerzos de Trump para tomar el control Groenlandia, y una amplia mayoría de demócratas y republicanos se opone a un posible uso de la fuerza militar para anexionar la isla.

Desde que regresó al poder hace casi un año, Trump insiste en que Estados Unidos debe tomar Groenlandia, una extensa isla de 2,16 millones de kilómetros cuadrados y apenas 57.000 habitantes, estratégica por su ubicación, sus recursos minerales y por el deshielo acelerado del Ártico, que abre nuevas rutas comerciales hacia Asia.

El tono se endureció aún más tras el operativo militar norteamericano en Venezuela del 3 de enero pasado para capturar al presidente Nicolás Maduro y abrir una nueva etapa en la relación con el régimen chavista, lo que marcó un giro más agresivo de la política exterior de Washington en el continente.

La semana pasada, durante un encuentro con ejecutivos de compañías petroleras para discutir los planes sobre el futuro de la industria en Venezuela, Trump había señalado que Groenlandia pasaría a manos de Estados Unidos, y que si no era “por las buenas”, sería “por las malas”.

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“Vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no, porque si no lo hacemos, Rusia o China se apoderarán de ella, y no vamos a tener a Rusia o China como vecinos”, advirtió Trump a los periodistas.

Esta mañana, en otro posteo, el mandatario reforzó esa visión al citar un artículo periodístico sobre una advertencia de los servicios de inteligencia daneses el año pasado sobre los “objetivos militares de Rusia y China” con respecto a Groenlandia y el Ártico. “OTAN: ¡díganle a Dinamarca que los saquen de aquí, ahora! ¡Dos trineos tirados por perros no bastarán! ¡Solo Estados Unidos puede hacerlo!“, escribió Trump.

Seguridad, recursos y escepticismo local

Trump justifica su interés en la isla en términos de seguridad nacional y defensa estratégica, y lo vincula con la necesidad de frenar una supuesta expansión rusa y china en el Ártico. Sin embargo, ni Moscú ni Pekín reclaman soberanía sobre Groenlandia, y tanto expertos como residentes locales ponen en duda esa narrativa.

Ante la escalada verbal de Washington, Dinamarca anunció que reforzará “a partir de hoy” su presencia militar en Groenlandia y que impulsará más ejercicios y una mayor participación de la OTAN en el Ártico. “Seguiremos reforzando nuestra presencia militar en Groenlandia, pero también insistiremos en una mayor presencia de la OTAN en el Ártico”, afirmó el ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen.

Ante las advertencias de Trump, las reacciones europeas se multiplicaron. En París, el presidente Emmanuel Macron advirtió que una violación de la soberanía groenlandesa tendría “consecuencias en cascada inéditas” para Europa y la alianza atlántica. Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue tajante: “Groenlandia pertenece a sus habitantes. Pueden contar con nosotros”.

El presidente francés, Emmanuel Macron, en París.

Francia, además, anunció que abrirá un consulado en Groenlandia el 6 de febrero, una fuerte señal política destinada a reforzar su presencia diplomática y científica en la isla en medio de la tensión con Washington.

El debate también llegó al Congreso norteamericano. Senadores demócratas y republicanos presentaron un proyecto de ley bipartidista que busca prohibir el uso de fondos federales para anexar o tomar el control de Groenlandia —o de cualquier territorio de un aliado de la OTAN— sin el consentimiento explícito del país involucrado o del Consejo del Atlántico Norte.

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