Deportivo Riestra y Vélez empataron 2 a 2 con el manual del pizarrón y siguen arriba en el torneo Clausura

Deportivo Riestra y Vélez son los equipos con más puntos en el fútbol argentino. Comparten la misma zona, cada uno con su estilo. El Malevo es una sorpresa, más allá de que varios de sus partidos estuvieron rodeados de polémicas. El Fortín, de a poco, lleva el sello distintivo de los añejos Boca de Guillermo Barros Schelotto. Empataron 2 a 2, en un partido eléctrico en el Bajo Flores: los cuatro goles fueron producto de la pelota parada.

El Malevo es el puntero de la Zona B, con 23 unidades, y lleva un invicto de 26 partidos como local. Con 14 éxitos y 12 empates, no pierde desde el 24 de mayo del año pasado. Eso sí: volvió a sufrir un gol en su pequeño estadio luego de 1075 minutos. Y cortó una serie invicta de cinco triunfos en serie… por un gol en contra, cuando se acababa la historia. Vélez es el escolta: tiene una unidad menos.

El certamen, tan curioso como polémico, con fallos arbitrales que provocan asombro, los cobija como los mejores, al menos, en cuanto a puntos conseguidos. Los persigue Lanús, con 20, mientras que en el otro grupo, hay cuatro punteros: Boca, Unión, Barracas Central y Estudiantes, apenas con 17 puntos.

El primer tramo del espectáculo tuvo una intensidad mayúscula, aunque sin situaciones claras en el área. Un premio al correr, meter, intentar, progresar. Sin embargo, tanto entusiasmo debe acabar con una lógica presencia frente al arco. No ocurrió.

Fuerza pura, entre Cristian Paz y Matías Pellegrini

Riestra es una formación rústica, elemental, que se hace fuerte en su pequeño escenario. Vélez es un equipo atractivo, audaz, que se sostiene a pesar de la reciente eliminación en la Copa Libertadores, aunque suele sufrir desvaríos momentáneos.

Todo dentro de un contexto de desprolijidad, que iba más allá de la falta de orden. Vélez suele sentirse pleno cuando junta pases, cuando se citan Pizzini, Galván y Pellegrini, los volantes en este caso. No podían, se chocaban entre sí, como si la pequeña cancha les jugara en contra. El césped, de todos modos, era un billar.

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Un encontronazo entre Lisandro Magallán y Alexander Díaz terminó con el defensor en el piso, una exageración ante un mínimo roce del delantero. Las sospechas, a la orden del día en nuestro fútbol, quedaron en evidencia: el VAR no le advirtió a Fernando Echenique (lo que estuvo perfecto), pero quedó la sensación de que si era al revés, otro hubiera sido el resultado.

Hasta que Riestra abrió el marcador, a los 37 minutos. La jugada fue insólita: de un lateral-centro, los zagueros de Vélez jugaron a las escondidas y apareció Alexander Díaz, que definió sin problemas. El saque de manos, desde la izquierda, fue de Pablo Daniel Monje que con una fuerza arrolladora, hizo que el balón viajara hasta el centro del área y, sin caer, Díaz definió con justeza.

Y Vélez empató en el cierre de la primera mitad, con una pelota parada, la especialidad de la casa (del local). Pellegrini lanzó el córner, Magallán ensayó un gran cabezazo (por el gesto técnico) y estableció el 1-1, dentro de un contexto de patadas, discusiones y protestas, sobre todo, del lado de Guillermo Barros Schelotto, siempre incisivo con el cuarto árbitro, sobre todo.

En el tramo final, Riestra tuvo el control, sobre todo con jugadas elaboradas, con el respaldo del pizarrón y acciones siempre al límite del reglamento y Vélez respondía con jugadas más elaboradas, aunque de modo esporádico, siempre a la sombra de su rival.

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Otro pizarrón, desarrollado magistralmente por Riestra, recuperó la diferencia en el marcador. Tiro libre frontal de Monje, definición de volea de Jonathan Herrera. La jugada tiene dos mensajes: el sensacional trabajo entre semana de Gustavo Benítez, el conductor y la ingenuidad de los defensores de Vélez, una vez más. Porque el pequeño equipo del Bajo Flores hace un culto del balón detenido.

Matías Pellegrini fue expulsado a 25 minutos del cierre, por un topetazo sobre Antony Alonso; sufrió la segunda amarilla en su afán de evitar un contraataque del local: la primera amonestación había sido una dura infracción sobre Alexander Díaz.

Y Vélez, en el cierre, a los 43, le devolvió con la misma moneda, otra pelota parada, otro gol, en este caso, en contra, por un impacto en las alturas de Mateo Ramírez. Y así terminó, unas tablas en la noche del laboratorio.

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