Adentrarse en la reserva del bosque tropical de Paru, una de las regiones más inaccesibles y mejor preservadas de la Amazonia, es algo realmente especial incluso para una veterana curtida en las selvas de Brasil: “Al llegar allí mis ojos brillaban como los de una niña ante un dulce. Conozco otros ecosistemas pero este está prácticamente intacto”, recuerda la ingeniera forestal Lucyana Santos en una entrevista por videollamada. Santos participó el pasado mayo en una expedición científica de dos semanas que pretendía llegar hasta el árbol más alto de la Amazonia, un angelin rojo (Dinizia excelsa) de 88,5 metros (el doble del Cristo Rendentor de Río de Janeiro, como una torre de 30 pisos) descubierto hace cinco años en el oeste del estado de Pará.
La expedición que buscaba el árbol más alto de Amazonia y encontró un santuario de ejemplares gigantes





